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SITGES 2026 crónica 5: Sangre nueva

Breeder; Rogue Trooper; Company; No Way Down

■ CHEMA PAMUNDI

Cada año el festival de Sitges suele ser testigo de alguna polémica que solo puede catalogarse de “gilipollez supina”. La de la presente edición empezó con un tuit de un espectador asiduo que, llevado por un arrebato de gatekeeping digno de mejor causa, se quejó de que durante la proyección de Buddy la gente hubiese aplaudido una escena en la que un niño era asesinado. Su berrinche no tardó en ganar cierta tracción, gracias a la horda de inquisidores sobrevenidos que apareció para darle la razón y retuitearle. La conclusión parecía ser que el público de Sitges, sobre todo ese público casual que no es “pata negra” porque solo acude un día o dos a ver unas pocas películas, lo aplaude todo sin criterio, sin decoro y sin educación. Ya está bien, son unos pesados, te joden la experiencia, y tal.

En general, estoy bastante acostumbrado a las quejitas de ese perfil de aficionados al fantástico que, como vienen mucho a Sitges desde hace años, creen que eso les otorga galones para juzgar a los demás y repartir carnets de fan auténtico. Sin embargo, reconozco que lo de la “policía del aplauso” de este año me ha pillado por sorpresa: resulta que les ofende que la peña aplauda las muertes durante una comedia de terror protagonizada por un peluche asesino. A ver, podría llegar a entender que les molestaran los arranques de aplausos en películas de tono oscuro y amoral (A Serbian Film, Martyrs y cosas así), pero, ¿en Buddy?

 

Buddy, el provocador

 

El hecho de que en Sitges la platea arranque a aplaudir tan a menudo (a veces se aplauden hasta los logos de las productoras), o de que se popularicen ciertos gritos-meme al inicio de las sesiones, como ocurrió hace algunos años a raíz de Mandibulas (cuando a la gente se le pegó la expresión “¡Toroooooo!”), forma parte de la cultura pop alimentada por el propio festival. Esto no es Cannes, la Berlinale ni San Sebastián. Esto es un festival de cine fantástico en el que cada año se celebra una Zombiewalk… tras la cual parte del público asiste a los pases de esa noche sin quitarse el maquillaje de zombi. Aquí hemos visto a John Carpenter dar un concierto de música electrónica, o al director de Hundreds of Beavers correr entre las filas de butacas de la sala Tramuntana disfrazado de castor.

Aparte, en mi opinión, la mayoría del público de Sitges sabe diferenciar perfectamente los momentos en los que es adecuado hacer jolgorio y los que no. Digo “la mayoría” porque tontainas los hay en todas partes. Este año, en el pase de Company (adjunto reseña en esta misma crónica), los 1.400 asistentes del Auditori han guardado respetuoso silencio durante toda la proyección, que era lo que pedía el tono solemne e intimista de la película. Del mismo modo que los pases de Buddy han sido el fiestón de risas, vítores y aplausos que pedía esa película, y estoy seguro al cien por cien de que a su director, Casper Kelly, le ha encantado ver que su cinta generaba tales reacciones. No hagamos dramitas de todo.

Las cuatro de hoy:

 

 

BREEDER (Alex Goyette, Reino Unido, 2026)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

Russell (Daniel Doheny) es un joven que ha diseñado un revolucionario experimento medioambiental relacionado con abejas. Sin embargo, no tiene dinero para desarrollarlo, y los comentarios de su novia y la madre de esta, respecto a que debería buscarse un trabajo de verdad, no hacen sino ponerle más presión encima. De pronto, Russell conoce a Patti, una extraña mujer mayor que se dedica a la crianza de perros (Dot-Marie Jones, con mucha diferencia lo mejor de la función), y que dice estar dispuesta a financiar el proyecto de Russell… si a su vez él se aviene a ir a su casa y ayudarla a ella con su propio experimento. Russell descubrirá demasiado tarde que el “experimento” de Patti, que implica a sus hijas y a él mismo, es una completa aberración.

Si hubiera que juzgar a las películas de Sitges en base a lo que consiguen con el menor presupuesto posible, el cuento de terror eugenésico que propone Breeder figuraría entre las más destacadas de esta edición: con muy poquitos personajes principales (incluyendo sin duda a la villana más memorable de esta edición del festival), y básicamente con un único escenario (la “casa de los horrores” donde tiene lugar casi toda la acción), arma una historia bastante intrigante, que a ratos resuena con ecos temáticos de Tusk, Canino y Misery, que sabe evitar las soluciones argumentales fáciles, y cuyo hábil cocinado a fuego lento te va generando una sensación de mal rollo creciente que no te quitas de encima en todo el metraje, ni siquiera con los ocasionales golpes de sátira que salpimentan la trama (el director y guionista Alex Goyette sabe que hay situaciones tan bizarras que sencillamente hacen reír, así que lo aprovecha).

 

"El primero que se ría con 'No te rías que es peor', pierde"

 

De todos modos, también cuesta quitarse de encima el hecho de que la premisa de la cinta resulta de lo más descabellada, y su estética mortecina de videoclip noventero de Nine Inch Nails no deja de ser un lugar común del cine de terror que a estas alturas ya impacta más bien poco. En conjunto, Breeder es un título menor pero entretenido y carismático, con el que el debutante director y guionista Alex Goyette demuestra suficiente talento como para generar muy buenas expectativas ante cualquier cosa que haga a continuación.

 

Venusentencia: Dos Caras Harvey

INF VNV 3

 

 

ROGUE TROOPER (Duncan Jones, Reino Unido, 2026)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

En una galaxia muy, muy lejana, dos facciones rivales luchan por el control del agreste y letalmente venenoso planeta Tierra Nu. Los guerreros de élite de una de dichas facciones son la infantería genética, clones cuya personalidad y conocimientos pueden descargarse en chips para reutilizarse en cuerpos nuevos, en caso de que los soldados mueran en combate (o por cualquier otra causa). Nuestro protagonista es un integrante de esta infantería genética, que, tras una incursión catastrófica tras las líneas enemigas en la que todo su pelotón resulta eliminado, decide descargar las mentes de sus compañeros en chips y conectar cada uno de ellos a una de las piezas de equipo que lleva encima (su casco, su fusil, su mochila…), y seguir guerreando.

En Rogue Trooper, Duncan Jones adapta en formato de animación digital el original cómic homónimo, creado a principios de los años 80 por el guionista Gerry Finley-Day y el dibujante Dave Gibbons. Lo hace con una acertada mezcla de respeto y ambición, que amplía su universo y su escala épica pero, a la vez, sabe plasmar de manera certera el espíritu socarrón típico de la revista británica 2000 AD en la que se publica.

 

"Vaya brasa me dan con lo de que nos parecemos a Avatar"

 

Lo mejor que tiene Rogue Trooper, más allá de un estupendo diseño artístico a medio camino entre lo psicodélico y el retrofuturismo sucio de Warhammer 40,000, es su espíritu de sátira bélica en la que lo importante no es que los gags funcionen (más o menos la mitad son simpáticos, y la otra mitad te dejan frío), sino que el ritmo sea alto y constante, transmitiendo vibras de aventura adrenalítica y desenfadada.

Por desgracia para mí, y esto es un tema puramente de gusto personal, este tipo de animación digital siempre me ha dejado frío. Me parece que las caras son inexpresivas, que los combates son estáticos y con una cinética poco natural (la profusión de cámaras lentas intenta disimularlo… pero no) y en general tengo la sensación de que estoy mirando un videojuego. Rogue Trooper es una travesía de dos horas por un valle inquietante, aunque al menos las vistas son bonitas y el trayecto es entretenido. Desde luego prefiero esto antes que cualquier secuela de Avatar. Pero, por la misma regla de tres, prefiero cualquier película con imagen real antes que esto.

 

Venusentencia: Dos Caras Harvey

INF VNV 3

 

 

COMPANY (Casey Affleck, EUA, 2026)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

En el New York de los años 70, una mujer enigmática aparece en una fiesta durante una noche de tormenta. Cuando le abren la puerta dice haberse equivocado de casa, aunque por su cara parece saber exactamente dónde está. Nadie la conoce, pero de todos modos la invitan a entrar para que se refugie de la lluvia. La mujer no tardará en fascinar al resto de los invitados contándoles con todo lujo de detalles una misteriosa historia del pasado, que en realidad son varias historias entrelazadas entre sí, que se extienden a lo largo de varias generaciones y están ambientadas en inhóspitas zonas rurales de la América profunda. Se trata de historias oscuras sobre la soledad, el paso del tiempo y las cosas que perdemos por el camino.

Hay películas difíciles de reseñar sin hacer spoilers, y luego hay casos como el de Company, de la que es virtualmente imposible hablar en profundidad sin aniquilar la experiencia que Casey Affleck, su director, quiere que la audiencia tenga la primera vez que la vea. No se trata solo de misterios o giros sorpresa, sino de su misma estructura dramática. Por lo tanto, baste decir (y ya estoy diciendo demasiado) que su formato de relatos dentro de relatos compone un juego de matrioshkas narrativas que es una verdadera filigrana. Sus tramas remiten al folklore de los cuentos góticos americanos susurrados en una noche de invierno, al calor de una fogata (de hecho, buena parte de las escenas de la cinta tienen lugar justo en ese entorno).

 

"Como alguien diga que Ben es mejor director, disparo"

 

Quizá el aspecto más discutible de Company sea que Casey Affleck subordina demasiado la cámara al trabajo de los actores, aunque por suerte están todos fantásticos. Lo de Ben Mendelsohn, Nick Nolte, Scoot McNairy o Adelaide Clemens no es ninguna novedad, pero lo de Atticus Affleck, hijo del director, sí que sorprende. Interpreta a un adolescente cínico, egoísta, rebelde y misterioso, con una contención emocional, una mirada intensa y una presencia física que por momentos calcan al Thimothée Chalamet de hace una década

Company es una cinta difícil, armada a base de largos monólogos y con un ritmo extremadamente pausado que hace que sus 92 minutos de duración parezcan bastantes más. Sin embargo, se trata de una lentitud que tiene todo el sentido del mundo para entrar en el estado de ánimo que pide la historia, y que acaba pagando buenos dividendos al espectador paciente.

 

Venusentencia: Copas de yate

INF VNV 4

 

 

NO WAY DOWN (Mohamed Chabane y Théo Jourdain, Francia, 2026)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

Idriss, un matón que acaba de salir de la cárcel tras cumplir una larga condena, recibe un último encargo del jefe de su banda: desalojar por las malas una torre de viviendas abandonada en una banlieue parisina, donde al parecer aún queda un okupa suelto. En un principio, Idriss dice que nanay, que quiere empezar una nueva vida alejado del crimen. Sin embargo, tendrá que acabar entrando en el edificio de todos modos, cuando su exnovia le pida ayuda porque el hermano de esta, un aspirante a influencer bastante descerebrado, se ha colado allí dentro para transmitir un vídeo en vivo en sus redes sociales; y es que resulta que el okupa en cuestión es una mala bestia, un asesino inmisericorde que despacha sin contemplaciones a cualquiera que aparece por allí. La laberíntica torre es un territorio de caza que conoce como la palma de su mano, lo que le permite acorralar a sus víctimas cerrándoles cualquier posible vía de escape. No Way Down.

El cine francés de terror suele ser muy hábil al utilizar las tensiones sociales de sus barrios marginados como entorno o motor de sus historias (La horda, Frontera(s), Vermin: La plaga…), pero pocas veces lo ha hecho de manera tan orgánica y bien resuelta como en No Way Down, una especie de home invasion a la inversa, con los protagonistas entrando sin permiso en casa ajena y pagándolo muy caro.

 

"Por favor, que no salga ninguna araña como en Vermin, que les tengo tirria"

 

La película es una lección de eficacia en cuanto a ritmo, tensión y aprovechamiento de la puesta en escena, con movimientos de cámara vertiginosos que transmiten urgencia y adrenalina sin despistar al espectador, estallidos de una violencia salvajísima que nunca deja de resultar incómoda, y un guion sencillo pero compacto, que sabe hacer evolucionar cada situación hacia una nueva dirección antes de que se agote, usa de manera primorosa el flashback para explicar las motivaciones de los personajes, y tiene un impactante cierre al que no se le puede poner ni una pega.

Mención aparte merece el villano, una inteligente reformulación del típico asesino slasher, con una imagen potentísima: cubierto de pies a cabeza en protecciones de antidisturbios, lo cual además justifica de manera realista el hecho de que no haya puñetera manera de liquidarlo. El tipo utiliza con efectos devastadores todo el arsenal de armas policiales del que dispone, e incluso parte del mobiliario del edificio (nunca una nevera había sido un artilugio tan letal).

Survival horror ultracafre y ultradivertido.

 

Venusentencia: Copas de yate

INF VNV 4

 

■ SITGES 2026

 

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