Comedia negra de Eli Roth en la tradición de niños cabroncetes con mucho gore y mala leche
Eli Roth lleva más de veinte años demostrando que siente cierta predilección por hacer sufrir al personal. Con Hostel consiguió convencernos de que recorrer Europa en tren era una idea bastante poco recomendable, llevando a unos mochileros de ruta turística por las más terribles salas de tortura. Ahora ha decidido que para organizar una buena carnicería, tampoco hace falta complicarse demasiado. Le basta con un camión de helados y un puñado de niños.
Dulce sabor a muerte nos mete en un cuento macabro en el que un heladero recorre las calles de un tranquilo pueblo a lo Flautista de Hamelín, y tras su paso los adorables críos empiezan a demostrar que matar adultos puede ser mucho más divertido que pasar la tarde jugando a la PlayStation. A partir de aquí, los pequeños psicópatas no se limitan a matar a cualquier adulto que se cruce en su camino, sino que los descuartizan brutalmente, juegan con sus restos, y demuestran una creatividad que ya querrían algunos profesores para sus alumnos.

"Si los helados no funcionan, me paso al negocio de los globos como Pennywise"
Ver a unos críos saltando alegremente a la comba con los intestinos de una de sus víctimas demuestra que nunca hay que subestimar la imaginación de un niño. Estamos ante una película gamberra que se disfruta por su humor negro y su enorme cantidad de gore, con sangre y vísceras por doquier. Dulce sabor a muerte no se anda con rodeos ni sutilezas. Una vez los niños prueban los helados de nuestro siniestro vendedor, se desata la masacre al más puro estilo Chicho Ibáñez Serrador.
“Ver a unos críos saltando alegremente a la comba con los intestinos de una de sus víctimas demuestra que nunca hay que subestimar la imaginación de un niño”
Pero por mucha sangre que corra por sus calles, Eli Roth no consigue provocar el miedo ni los escalofríos que causaba ¿Quién puede matar a un niño? Mientras aumenta el número de cadáveres, aquellos aficionados al terror con mejor oído se encontrarán con una partitura que les resultará extrañamente familiar, con ecos de la nana de Waldo de los Ríos que hace cincuenta años acompañó a otros niños que tampoco sentían demasiado cariño por los adultos.

"El próximo lo pediré de sesos, que el de higadillos no sabe a nada"
Lo del vendedor de helados asesino tampoco es precisamente nuevo. A mediados de los años 90, Paul Norman ya convirtió a uno en protagonista de su brutal película de serie B Ice Cream Man, exactamente el mismo título original que Dulce sabor a muerte. Y si el nombre de este director no les suena demasiado dentro del cine de terror, es porque se pasó buena parte de su carrera rodando porno, aunque no precisamente del convencional. Lo suyo eran las prótesis y los efectos especiales, con títulos tan delirantes como Las gemelas siamesas, Cyrano o la mítica Eduardo manos penes.
Viendo semejante currículum, lo del heladero psicópata casi parece su película más normal. Pero sinceramente, dudo que Eli Roth tenga demasiado interés en ocultar ninguna de estas influencias. Dulce sabor a muerte recoge todo ese material y lo lleva a su terreno, donde importa mucho más encontrar nuevas formas de destrozar un cuerpo que provocar auténtico terror. No será la película que consiga que dejemos de comprar helados, pero sí una gamberrada sangrienta capaz de alegrarle la tarde a cualquier amante del gore.
INFORME VENUSVILLE

Recomendada por Kuato a: quienes disfrutan viendo a unos angelitos desatando una carnicería.
No recomendada por Kuato a: quienes se marean con cuatro gotas de sangre.
Ego-Tour de luxe por: el uso de IA generativa y las polémicas declaraciones de Eli Roth. Por suerte, la película está llena de gore artesanal de la vieja escuela.
Atmósfera turbínea por: un cuento infantil convertido en pesadilla.
■ DULCE SABOR A MUERTE. ESTRENO EN VENUSVILLE: 04/09/2026.










