Categorías

SITGES 2026 crónica 2: La vida se abre camiono

Boiúna: La leyenda del Amazonas; Colony; American Dollhouse; I Love Paris

■ CHEMA PAMUNDI

Hay un grillo en el prado. No, no es un haiku ni la primera estrofa de una adivinanza infantil. Es que de verdad hay un grillo en el cine Prado. Se pone a hacer “cri-cri” a buen volumen durante algunas proyecciones, hasta el punto de que el público se ha quejado ya varias veces. De momento, la organización no ha podido pillarlo, y ahí sigue el tío animando el cotarro. Claro, si la acción de la película que estás viendo tiene lugar en una jungla o un bosque, el bicho incluso puede colaborar a que tengas una experiencia más inmersiva. Pero si está ambientada en un submarino o si tienes migraña, te puede joder la tarde. Esta madrugada he visto I Love Paris (enseguida os cuento qué tal) en primera fila del Prado, y me ha parecido localizar al grillo moviéndose por la parte baja del escenario.

Lo del grillo no me sorprende; ni siquiera me extraña. Lo que me extraña es que no veamos más bichos como ratones, culebras, gatos callejeros, alguna que otra oveja y en general todo tipo de fauna en una sala que se cae de vieja, pero a la que el festival no puede renunciar teniendo en cuenta que las obras de rehabilitación del Retiro se están alargando mucho más de lo previsto (con esta llevamos ya tres ediciones sin esa sala). Este año está corriendo el rumor de que hay un plan para convertir el Auditori en dos salas separadas, pero personalmente ni lo vería adecuado (el Auditori, con sus 1400 butacas, es la imagen del festival), ni me parece posible que acabasen las obras a tiempo para la siguiente edición. Lo que sí necesita el Auditori, y con cierta urgencia, es que renueven sus asientos, que empiezan a estar muy atrotinados.

 

Prado: Find the cricket

 

La única noticia alegre respecto a las salas del festival es que por fin han adecentado un poco el Escorxador, renovando sus butacas (hay que recordar que en años anteriores se trataba de asientos reutilizados del Retiro, en algunos casos unidos entre sí con cinta de embalar). Asumiendo que este espacio sigue siendo más un salón comedor grande con una pantalla de cuatro metros que un cine propiamente dicho, al menos ahora es cómodo.

Bueno, y ya que estoy a fondo con el asunto de las butacas, terminaré comentando que las de la sala Tramuntana vuelven a ser las más desconcertantes. No sé de qué saldo las habrán sacado, pero el caso es que tienen dos numeraciones distintas, una grabada en el respaldo y la otra en el marco (la buena es la del marco), lo cual por supuesto, genera líos y situaciones de “disculpa pero te has sentado en mi sitio” en casi todas las sesiones.

Y hasta aquí la actualización de los temas butaquiles en Sitges 2026. Ahora, películas:

 

 

BOIÚNA: LA LEYENDA DEL AMAZONAS (Mike P. Nelson, Alemania, 2026)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

En el laberinto fluvial de la cuenca amazónica, una pareja de médicos de ayuda humanitaria, junto con los dos tripulantes del barco que los transporta de pueblo en pueblo y unos contratistas mafiosos que se les acaban uniendo por circunstancias, se topan con la monstruosa Boiúna, una agresiva serpiente del tamaño de una montaña rusa. Según las leyendas locales, Boiúna es la “madre de las aguas”, una suerte de encarnación de la naturaleza y la justicia del río que “decide quién vive y quién muere” en sus dominios. Pues bueno, parece que hoy el bicharraco se ha levantado con el pie izquierdo (ya, las serpientes no tiene pies; es una metáfora, joder), porque ha decidido que muera todo quisqui.

Para disfrutar de cualquier película hay que ser consciente de lo que le puedes exigir, de lo que puedes esperar de ella. Exigirle a una cinta de survival horror con un ofidio gigante cualquier cosa que no sean dos horas de diversión chorra es equivocar el tiro, lo mismo que si le exigiéramos a Gritos y susurros de Ingmar Bergman que nos hiciese reír; y en cuanto a diversión chorra, hay que decir que Boiúna: la leyenda del amazonas cumple el expediente con bastante competencia: buenos personajes, un adecuado manejo de la tensión, adrenalíticos momentos de corre-corre, muertes sorpresa que realmente sorprenden, un monstruo al que se le ve lo justo para que no pierda la gracia, y un Amazonas filmado, no como escenario natural puro y lleno de maravillas, sino como laberinto amenazador, feo y maloliente.

 

"Sin Jennifer Lopez, Eric Stolz y Jon Voight, esto no parece el Amazonas"

 

Es cierto que el guión no escapa a los tópicos del subgénero de “grupo de humanos devorados por un monstruo en un entorno exótico”, pero se agradece que al menos trate de alejarse un poco de la típica mirada colonial condescendiente, en la que los protagonistas blanquitos occidentales resuelven la papeleta gracias a su ingenio y su infinidad de recursos, mientras los secundarios indígenas, supersticiosos y un poco bobos, son meras excusas para elevar el body count. O sea, que casi todo en Boiúna: la leyenda del amazonas luce razonablemente bien. Así que, por favor os lo pido, no nos pongamos ahora a reivindicar una chapuza infumable como Anaconda, porque no hay color: esta le da cien vueltas.

 

Venusentencia: Copas de Yate.

INF VNV 4

 

 

COLONY (Yeon Sang-ho, República de Corea, 2026)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

Kwon Se-jeong, una biotecnóloga en paro, acude al rascacielos donde la corporación Chains Bio va a presentar un revolucionario sistema de comunicación mental, basado en un moho, que permitiría a los seres humanos compartir información entre ellos sin necesidad de hablar, simplemente mediante señales químicas parecidas a las feromonas de las hormigas. Por desgracia, un acto de sabotaje propaga una versión mutada del moho, que, además de interconectar las mentes de los sujetos expuestos, los transforma en lunáticos homicidas (claro, si los convirtiera en mimos o les hiciera entonar cantos tiroleses no habría película).

Al poco rato, medio edificio se ha convertido en una horda de infectados que actúan de manera sincronizada, como una sola entidad; y no solo eso, sino que cada cierto tiempo aprenden del entorno y se “actualizan”, volviéndose aún más astutos y eficaces, tal como lo haría una IA: al principio solo se mueven gateando, pero al cabo de un rato ya son capaces de correr sobre dos piernas, más tarde aprenden a abrir puertas…

 

"Próximamente, campeonato de ajedrez para zombies"

 

Colony viene a desmontar la teoría de que ya todo está dicho en el cine de zombis, con una de las ideas de partida más brillantes y mejor desarrolladas que hemos visto desde rarezas como Pontypool (donde el contagio se propagaba a través del lenguaje), o One Cut of the Dead (donde lo innovador no era tanto lo que contaba sino cómo lo contaba). Las escenas de los infectados quedándose de repente en trance mientras se les “descarga” una nueva versión de la mente colmena son un hallazgo, que rompe una y otra vez las expectativas de la trama y genera una tensión estupenda ante lo que está a punto de ocurrir.

Aunque Colony no tiene lugar en el mismo universo que Tren a Busan y Península, al ser las tres obras del mismo director y compartir todas ellas el estallido zombi como temática común, es inevitable compararlas; y bueno, si bien Colony no alcanza los niveles de conexión emocional y angustia adrenalítica de la primera, ni goza de la majestuosa puesta en escena de la segunda, es de largo la más original de las tres y, por lo tanto, en cierto modo la que tiene más números para escribir una página propia dentro del género. Apunta además una interesante metáfora social sobre el borreguismo colectivo aniquilando la individualidad, aunque apenas llegue a desarrollarla más allá del enunciado porque, al fin y al cabo, su prioridad es funcionar como blockbuster de persecuciones y mordiscos infecciosos; y joder si funciona.

 

Venusentencia: Copas de Yate.

INF VNV 4

 

 

AMERICAN DOLLHOUSE (John Valley, EUA, 2026)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

Sarah y su hermano Michael vuelven a la casa de su infancia, deshabitada tras la reciente muerte de su madre, que vivía allí sola. Pese a que el lugar se encuentra en un estado de dejadez lamentable, Sarah decide instalarse en él, también sola, en parte porque no tiene a dónde ir y en parte como una especia de terapia kármica para exorcizar ciertos eventos traumáticos que tuvieron lugar allí cuando era niña. Por si la situación no fuese ya lo bastante deprimente, Sarah tiene como vecina a Sandy, una mujer de aspecto repulsivo (chandal rosa desgastado, cara ojerosa, numerosas costras de heridas mal curadas…), y personalidad bastante chiflada. Enseguida, la vecina empieza a acosar a Sarah de manera obsesiva, con un comportamiento que poco a poco irá pasando de lo inquietante a lo abiertamente agresivo.

American Dollhouse se sostiene en base a su manejo del suspense a fuego lento, unas interpretaciones estupendas de las dos actrices protagonistas y una estructura poliédrica que bebe por igual del terror liminal moderno (su primera mitad explora sobre todo el temor de Sarah ante los diversos espacios vacíos de la casa, como si intuyera que allí va a acabar pasando algo terrible), de los slashers fundacionales estilo Psicosis o La matanza de Texas, del thriller psicológico y de la comedia negra, sin llegar a ser exactamente nada de todo eso. Porque, además, bajo la superficie de sus referencias y sus patrones de género hay un discurso político bastante claro sobre la paranoia y la decadencia moral de los actuales Estados Unidos (en este aspecto recuerda al remake de Las colinas tienen ojos, de Alexandre Aja), una sociedad fallida en la que las leyes coercitivas y el retroceso en derechos se han convertido en miedos cotidianos.

 

"La decoración es tan acogedora que hasta los cadáveres se sienten como en casa"

 

Según nos cuenta American Dollhouse, una casa ya no es solo un hogar: es también un espacio donde tenernos bajo control. Sandy le hace a Sarah todo tipo de sugerencias insistentes sobre lo que considera “comportamientos correctos” para una buena vecina (poner las luces de navidad, cuidar el césped, comerse las galletas de bienvenida que le ha preparado…), en un tono que suena más a amenaza que a invitación para integrarse en el vecindario. En ciertos momentos American Dollhouse puede pasarse de arty, con su ritmo contemplativo, su gusto por los diálogos prolijos y su estructura en capítulos difíciles de diferenciar (que se introducen mostrando, cada vez, una casa de muñecas iluminada por diversos colores y efectos chillones). Pero cuando por fin todo se precipita hacia lo grotesco, la cosa mola bastante.

 

Venusentencia: Copas de Yate.

INF VNV 4

 

 

I LOVE PARIS (Nicky Murphy, Francia y Australia, 2026)

Trailer, fotos, sinopsis y ficha

Falso documental que sigue a una joven aspirante a estrella de la música urbana francesa, por las calles de París, mientras graba maquetas e intenta hacerse un hueco para actuar en un festival que está a punto de celebrarse. La muchacha ha elegido el nombre artístico de “I Love Paris”, por la coincidencia con la ciudad y porque así, según ella, todas las camisetas que se vendan con ese lema le estarán haciendo publicidad gratuita (en su cabeza suena espectacular). Una noche, mientras está grabado un vídeo para sus redes sociales, es atacada por un vampiro que le contagia la maldición.

Si los vampiros siguen siendo a día de hoy el más interesante de los monstruos clásicos, es gracias a su complejidad psicológica y su riqueza de matices, que permite hacer con ellos lo que uno quiera a nivel tanto estético como narrativo. De hecho, en el cine del siglo XXI hemos visto un goteo constante de títulos interesados en subvertir el canon o mostrar nuevos puntos de vista, como Lo que hacemos en las sombras, Afflicted o Una chica vuelve a casa sola de noche. La principal ruptura que propone I Love Paris en este sentido no es su formato de mockumentary (algo que es ni mucho menos nuevo en el cine de terror), sino el hecho de que carezca por completo de la angustia existencial tan común al cine de vampiros: aquí la protagonista no se pasa las noches llorando por su humanidad perdida, ni por tener que andar chupando cuellos, ni por verse relegada a llevar una no-vida al margen de la sociedad…

 

"Quería llamarme 'I love Cornellà', pero estaba cogido"

 

No, nada de eso afecta a Paris (interpretada con un carisma extraordinario por Aminata Thiboult), una víctima del hedonismo extremo de la generación Tik-Tok, obsesionada con el éxito y la validación constante. Paris disfruta a tope su nueva condición, mientras va de fiesta en fiesta y conoce a la comunidad vampírica de la ciudad, con la que conecta enseguida. De hecho, la naturaleza depredadora de los vampiros le sienta fenomenal a su personalidad egoísta, caprichosa y poco dada a la empatía. A ver, lo de no poder salir a la calle durante el día le parece un fastidio, sí, pero de todos modos en algún momento hay que parar la farra y descansar, ¿no? Y lo de tener que matar gente para alimentarse, pues bueno, hay mucha peña desagradable que se lo merece, y de hecho así puede aprovechar para quitarse de medio a la competencia que hay por encima de ella en el cartel del festival de música donde pretende actuar. Todo son ventajas.

I Love Paris corría el riesgo de quedarse en un cortometraje alargadísimo, pero sabe llenar muy bien sus casi dos horas (con la protagonista permanentemente en plano), gracias a su efervescente energía festiva, sus constantes elipsis para llevar la trama directamente hacia nuevas situaciones siempre interesantes, sus detallitos molones de lore vampírico (cuando quedas infectado, los ojos se te vuelven de un color azul pálido: primero uno y al cabo de unos días los dos), y sobre todo con el desarrollo de su personaje central. Es difícil que Paris nos caiga bien, pero entendemos por qué es así y no deja de resultar fascinante en ningún momento. Sangre, drogas y electropop.

 

Venusentencia: Copas de Yate.

INF VNV 4

 

■ SITGES 2026

 

Facebooktwittermail

No hay comentarios.

Agregar comentario