Thriller a la inglesa con bombas, robos, militares y ladrones en el que nada es lo que parece… ¿O sí?
La historia del cine está llena de películas que giran en torno a robos, timos y toda clase de trileros donde la gracia está en rizar el rizo hasta el límite con propuestas que logren sorprender al exigente público que ya lo ha visto todo y de todos los colores. Teniendo como referente más exitoso la mítica El golpe, hemos visto montar atracos a casinos en Ocean’s Eleven: Hagan juego e incluso Torrente 5: Operación Eurovegas, asaltar furgones blindados en The Italian Job y Despierta la furia, o planear el robo de joyas como en El robobo de la jojoya y Ocean’s 8. Pero vaya, los que se llevan la palma como oscuro objeto de deseo de los delincuentes son los bancos. Desde la gran Heat, pasando por The Town (Ciudad de ladrones), Baby Driver, Plan oculto, Atraco a las 3, Le llaman Bodhi y un largo etcétera, las entidades bancarias han sido escenario de los más inverosímiles planes de los ladrones para llevarse la pasta sin que los pillen en el intento.
Cuenta atrás se suma a esa larga lista de heist movies suponiendo para el director David Mackenzie su segunda incursión en el género después del neowestern Comanchería, que le encumbró como director de culto y le llevó a pisar la alfombra roja de los Oscar. Nada tienen que ver el estilo de la una con la otra. Mientras que la de Jeff Bridges tenía el sello inconfundible de los hermanos Coen, si a Cuenta atrás le cambiamos los polis por militares, aumentamos los decibelios y planos de una tía cañón en slow motion, el sentido frívolo con el que está planteada la peli encajaría perfectamente con el de Michael Bay.

"Como los productores me vean en esta peli, adiós a James Bond"
La primera media hora de la peli es prometedora, con el descubrimiento de una bomba de la segunda Guerra Mundial en el centro de Londres, lo que provoca crear un perímetro de exclusión y la evacuación masiva de los residentes, movilizando a los artificieros con un sobradete Aaron Taylor-Johnson a la cabeza para intentar desactivarla en una versión macarra de Tierra hostil. Simultáneamente, unos rateros con discretos uniformes color naranja aprovechan la jugada para atravesar como buenamente pueden la bóveda de un banco (tal que Woody Allen en Granujas de medio pelo) y amasar con todo lo que encuentran en la caja fuerte. Aunque se juega en exceso con marear la perdiz y despistar al espectador con escenas gratuitas de musulmanes en el parque, encargar pizzas en medio de una operación militar, o un centro de mando policial que no se entera de nada, la dualidad de escenarios funciona y logra crear la expectación suficiente para mantenerse enganchado.
“Es cuando se acelera la trama de Cuenta atrás es cuando David Mckenzie se ve más perdido y el castillo de naipes empieza a desmoronarse”
Es cuando se acelera la trama cuando Mckenzie se ve más perdido y el castillo de naipes empieza a desmoronarse. Los giros argumentales resultan poco convincentes, aparece un mafiosillo de poca monta que no se sabe muy bien qué pinta en la trama, y para rematar la faena, nos cascan un flashback final sobreexplicativo totalmente innecesario que deja un horrible sabor de boca. Drones portando cajas a ras de suelo restregándoselos a unos polis que ni se inmutan, matones rumanos que encierran a sus prisioneros sin apenas atarlos, o que el cerebro de la trama deje los esquemas de la operación en su casa a la vista de los policías que lo persiguen, son momentos que cantan como una almeja por mucho que aceptemos ciertas licencias en pos de mantener la acción. Además, la meticulosa planificación del robo depende de demasiadas casualidades y golpes de suerte difíciles de digerir, que impiden un hipotético segundo visionado de Cuenta atrás.

"A ver si me da al menos para el remake de Chacal..."
Tampoco ayuda el escaso carisma de los protagonistas. Resulta odioso comparar a Aaron Taylor-Johnson y Theo James con el aura que desprenden George Clooney, Robert de Niro, Jason Statham o Al Pacino. Ni el eterno candidato a convertirse en el nuevo James Bond, ni el nuevo amiguete de Guy Ritchie, son actores franquicia capaces de llenar la pantalla como los citados anteriormente, teniendo además el hándicap de la ambigüedad de sus personajes.
Podríamos pensar que Mckenzie ha buscado explorar otras experiencias más relajantes como director después de la lenta y adulta Relay, con diálogos profundos y exquisito dibujo de los personajes. Como dijo en el festival de Toronto donde la presentó, Cuenta atrás busca entretener sin más pretensiones, que no es moco de pavo, pero a la historia le falta empaque para que nos traguemos lo increíblemente fácil que les va saliendo todo a los protagonistas. Hace cuarenta años habría sido la típica peli blanca perfecta para amenizar un viaje en tren o en avión. Hoy en día, la verdad es que cuesta entender cómo no ha acabado directa en el catálogo de alguna plataforma de streaming.
INFORME VENUSVILLE
Venusentencia: Dos Caras Harvey

Recomendada por Kuato a: el público palomitero al que se la repampimfla todo, mientras no tenga que pensar y se lo den todo mascado.
No recomendada por Kuato a: para los que alguna vez se les pasó por la cabeza que Aaron Taylor-Johnson podría ser el nuevo James Bond. Ni de coña, vamos.
Ego-Tour de luxe por: cómo se mofa Aaron Taylor-Johnson de su ayudante novato con cara de pardillo, en plan Denzel Washington en Training Day.
Atmósfera turbínea por: David Mckenzie quien, al igual que Darren Aronofsky y Gareth Edwards, no le hace ascos al uso de la IA en el mundo del cine. Incluso parece que ya está gestando una película usando abiertamente herramientas de Inteligencia Artificial. Lamentable
■ CUENTA ATRÁS. ESTRENO EN VENUSVILLE: 14/08/2026









