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STAR WARS: THE MANDALORIAN AND GROGU crítica: Una galaxia cada vez más lejana

Adaptación de la serie mandaloriana como cuatro episodios seguidos a modo de media temporada

CHEMA PAMUNDI

Lo mejor de The Mandalorian and Grogu, es que su falta de pretensiones devuelve al universo Star Wars a su dimensión original de escapismo pulp actualizador de géneros clásicos (el western, el cine de samurais, la space opera folletinesca...). Lo peor de The Mandalorian and Grogu es justo eso mismo, porque certifica que los nuevos estrenos del universo al que dio vida George Lucas han perdido ya casi toda su capacidad de acontecimiento épico, desinflándose hasta quedar convertidos en productos de impacto cortoplacista y factura televisiva. Desde hacía tiempo íbamos teniendo claro que, en el actual panorama de consumo audiovisual absolutamente fragmentado, Disney no iba a volver ni a acercarse al tsunami de popularidad que supuso el estreno de Star Wars Episodio VII: El despertar de la fuerza en 2015 (parece que fue ayer... y a la vez parece que haya pasado mucho más de una década). Aún así, era difícil imaginar que iba a llegar el día en el que Star Wars nos las trajese un poco al pairo. Resulta que nada dura para siempre, ni siquiera la capacidad de penetración cultural de una marca que ha dominado sin oposición la cultura pop del último medio siglo.

A ver, tampoco era normal lo que hemos estado haciendo entre todos desde 1977: convertir Star Wars en una especie de secta religiosa con sus dogmas de fe, sus anatemas y demasiados discursos tóxicos sobre la pureza del canon. ¿Que J. J. Abrams y Rian Johnson la cagaron con su trilogía post-Lucas? Sí, bueno, ¿y qué? Nuestra actitud de ahora es, en cierto modo, más cuerda y más sana: ver las nuevas pelis como simples productos de entretenimiento. Si te divierten (El despertar de la fuerza, Rogue One…), ya han cumplido su propósito con creces; y si te aburren (Los últimos Jedi, El ascenso de Skywalker…), pues bueno, a esperar que la siguiente sea mejor. Sin dramas.

En este contexto, The Mandalorian and Grogu es un pasarratos que cumple (más o menos) las bajísimas expectativas generadas, aunque mejoraría bastante si sus responsables principales, Jon Favreau y Dave Filoni, tuviesen algo más de ambición artística que la de despachar un mero recalentado de referencias; y, ya puestos, si durase media hora menos. O sea, si en vez de cuatro episodios seguidos de The Mandalorian, fueran tres. Porque ante eso estamos: una pelicula-apaño cuyas hechuras visuales y narrativas se notan diseñadas principalmente para consumirse en plataformas, mientras se consulta el móvil.

 

"Lo bueno de interpretar este papel es que puedo llegar al set ojeroso y con resaca"

 

Respecto a lo anterior, el concepto de The Mandalorian and Grogu ha ido cambiando a lo largo de los años. La intención original fue que sirviese como gran cierre épico para las tramas de tres series, The Mandalorian, El libro de Boba Fett y Ahsoka, pero la huelga de guionistas de 2023, sumada a las inseguridades de Disney respecto a cómo enderezar el rumbo de la franquicia (tras una retahíla de estrenos post-pandemia desastrosos, con Andor como única excepción positiva), fueron menguando las pretensiones del proyecto hasta dejarlo convertido en un mero mega-episodio de The Mandalorian. O como decía antes, cuatro episodios pegados el uno al otro; y ni la maquinaria mercadotécnica de Disney, ni el estreno en salas IMAX (del todo innecesario, por cierto), han conseguido vender que esto suponga una subida de categoría respecto a la serie. De hecho, a muchos nos ha parecido justo lo contrario: un movimiento a peor, de algo que funcionaba la mar de bien tal como estaba.

Porque, en formato de dos horas y pantalla grande, The Mandalorian and Grogu manifiesta que quizá el magnetismo de sus dos personajes titulares da para menos de lo que Disney creía. Aquí el Mandaloriano es un perchero andante, un cosplayer de sí mismo que carece de profundidad dramática más allá de la única escena en la que le vemos sin casco (desde luego, a Pedro Pascal le debe de haber salido rentable el papel: una mañana de rodaje para poner dos muecas de preocupación, y por la tarde ya de vuelta en su casa). Si el modelo a seguir es el del Clint Eastwood de los spaghetti westerns de Sergio Leone, desde luego se queda a años luz en cuanto a carisma. Y respecto a Grogu (el muñeco antes conocido como Baby Yoda), salvo por una subtrama de diez minutos que le otorga cierto protagonismo heroico, en general queda marginado al estatus de mascota presuntamente adorable a la que, de vez en cuando, se le dedica un plano de inserto para que haga el gestito cuqui de rigor. Más que un personaje, es un generador de GIFs y una excusa para vender peluches.

The Mandalorian and Grogu es un pasarratos que cumple (más o menos) las bajísimas expectativas generadas”

En lo argumental, todo muy básico: la Nueva República (con la comandante Ward como portavoz, encarnada por la siempre efectiva Sigourney Weaver), ha contratado al Mandaloriano para detener al malvadísimo Lord Janu Coin, un señor de la guerra que suspira por los viejos buenos tiempos del Imperio Galáctico, en los que todo era orden, fascismo y uniformes bien planchados. Las indagaciones del Mandaloriano le llevarán a tener que hacer tratos turbios con los Gemelos Hutt, una pareja de hermanos del difunto Jabba que han seguido la tradición familiar de establecerse como señores del crimen. El resto de la cinta son sobre todo tiroteos, rescates, persecuciones y más tiroteos. Lo cual, en principio, es lo que uno espera de cualquier peripecia de The Mandalorian: una aventurita sencilla, continuista con la serie pero a la vez lo bastante autónoma como para poder disfrutarla incluso sin haber visto todos los capítulos que la preceden.

El problema es que los 132 minutos de The Mandalorian and Grogu no aportan nada a lo ya conocido: ni ideas nuevas, ni una mínima evolución de los personajes, ni eventos con sustancia, ni apenas escenas que vayamos a recordar una vez fuera de la sala. Su diseño de producción es plano, ningún escenario transmite maravilla, sorpresa o curiosidad por saber más. Sus momentos de acción son como pantallas de videojuego, en las que el Mandaloriano tiene vidas infinitas y la mayoría de las veces no hace otra cosa que disparar contra todo (no mataría más rápido a los malos ni si se le pusieran en fila). Obviamente, el protagonista de este tipo de historias siempre tiene lo que se conoce como “armadura de trama” (es decir, sabes que va a sobrevivir a todo lo que le echen), pero también la tienen John Wick, Indiana Jones o James Bond, y el mérito de una dirección con brío, un buen montaje y una tensión dramática adecuada es lograr que nos olvidemos de eso. Algo que aquí no se consigue en ningún momento.

 

"Listo para ir de regalo en todas las Happy Meals de McDonald's"

 

Lo que sí han conseguido de sobras Favreau y Filoni es trufar todo el metraje con guiños y huevos de pascua que autoreferencian la era dorada de la franquicia, a fin de intentar alegrar la tarde a los fans muy cafeteros que ya peinan canas. Desde el cameo de Martin Scorsese como asustadizo soplón alienígena de cuatro brazos, hasta el hecho de que se recupere a cierto personaje de la película de animación The Clone Wars (allí era un recién nacido, aquí es ya un adolescente), o el hecho de que los monstruos con los que se pega el Mandaloriano en un pozo de lucha sean los mismos que aparecían como hologramas en cierta escena de Star Wars Episodio IV: Una nueva esperanza (aquella partida de ajedrez raro al que jugaban R2-D2 y Chewbacca, coronada por la mítica frase ”deja ganar al wookie”).

Sin embargo, incluso en los detalles que más se agradecen, como la profusión de marionetas estilo Jim Henson (salen unos mecánicos chiquiticos muy salados), o los robots que se mueven mediante técnicas de stop-motion, es difícil quitarse de encima la sensación de estar asistiendo a un ejercicio puramente performativo, un “simulacro de autenticidad” en el que todo está calculadísimo, en el que cada cinco minutos se aprieta un botón narrativo para darnos una descarga de melancolía que nos transporte de vuelta a los felices años 80 (un poco cargante ya, lo de estar siempre volviendo a los 80). Con esta plantilla de cero riesgo, Disney puede hacer diecisiete películas más de The Mandalorian... que nadie menor de 50 años lamentará perderse.

El otro día le leí al sociólogo y músico Hans Laguna una cita estupenda del filósofo Emil Cioran: “Hay demasiadas cosas que añorar en un mundo en el que nada debería ser añorado. De ahí que yo me pregunte si este mundo merece realmente mi nostalgia”. Cambiemos “mundo” por “Star Wars” y tendremos una buena explicación a lo que esta pasando. Star Wars, que nació como una obra revolucionaria para el cine y la ciencia ficción en general, ha llegado a un punto en el que parece que solo sabe generar nostalgia, como ese crooner prejubilado que actúa en cruceros y al que le piden que entone siempre la misma canción, con la que llegó al número uno hace medio siglo.

 

INFORME VENUSVILLE

Venusentencia: Dos Caras Harvey

INF VNV 3

Recomendada por Kuato a: fans de Star Wars a los que les guste que les vuelvan a trillar lo mismo una y otra vez.

No recomendada por Kuato a: quien eche de menos la sorpresa agradable que supuso Rogue One; una obra que, con todos sus fallos, logró volver a calentarnos el corazón, pero que cada vez parece más un diamante en el barro.

Ego-Tour de luxe por: que buena parte del fandom sea, aún hoy, lo bastante exigente como para que The Mandalorian and Grogu haya sido la película de Star Wars de la era moderna con peor recaudación en su fin de semana de estreno. No tragamos con todo. Disney, ponte ya las pilas.

Atmósfera turbínea por: lo ilusos que fuimos cuando creímos que sin George Lucas de por medio las cosas irían a mejor.

 

STAR WARS: THE MANDALORIAN AND GROGU. ESTRENO EN VENUSVILLE: 22/05/2026.

 

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