Peli con criaturita animada encontrada en el baúl de los recuerdos de Jim Henson y Frank Oz
El cine fantástico lleva décadas obsesionado en mostrar quién la tiene más grande. Una especie de competición absurda por presumir del mundo digital más espectacular, más renders, más ruido visual, más de todo. Si no, pregúntenle a James Cameron, que se tiró más de diez años encerrado perfeccionando Avatar para básicamente demostrarnos que podía pintar un planeta entero con un ordenador. Todo muy bonito, todo muy azul, diseñado para impresionar a golpe de píxel. Es el ejemplo perfecto de hacia dónde no debería ir el cine, pero va.
Y es que el cine fantástico, en algún momento perdió algo esencial. Algo casi primigenio si me apuran. Perdió la textura, la imperfección, eso que hacía que las criaturas de Cristal oscuro o de Dentro del laberinto dieran un poco de grima y un poco de ternura al mismo tiempo. Esa cualidad que tenía todo lo que tocaba Jim Henson, donde los bichos no eran ni del todo simpáticos, ni del todo terroríficos, sino algo intermedio que tu cerebro no terminaba de clasificar.

"Si Luke llevaba a Yoda en la chepa, yo no voy a ser menos"
Había verdad en esos ojos de gomaespuma. Había alma en esos movimientos torpes de marioneta. Y todo eso se fue diluyendo poco a poco en un océano digital cada vez más pulido, más perfecto, y sobre todo más vacío a nivel emocional. Por eso resulta casi kafkiano hablar de animatrónics, de títeres, de marionetas, de manos humanas metidas dentro de criaturas de espuma y látex en una película actual de cine fantástico.
Y sin embargo aquí está La leyenda de Ochi, sonando anacrónica en el mejor sentido posible. Isaiah Saxon, que viene del mundo del videoclip y ha trabajado con artistas como Björk, debuta en el largometraje con algo que parece encontrado en un baúl. Como una película que debería haber existido en 1986 pero que por algún motivo no ha nacido hasta ahora.
“La leyenda de Ochi es como una película que debería haber existido en 1986 pero que por algún motivo no ha nacido hasta ahora”
En la isla ficticia de Carpatia, los habitantes conviven con unas criaturas a las que temen y cazan. Los Ochi viven ocultos en los bosques y forman parte de ese conflicto permanente. Cuando Yuri encuentra a una cría herida y decide ayudarla, la historia se pone en marcha siguiendo un camino que resulta familiar. Los Ochi son criaturas de belleza primitiva, bichos de ojos enormes que te miran con una mezcla de inocencia y miedo. Y no es casualidad que se sientan tan vivos. Entre los responsables está Rob Tygner, titiritero que trabajó junto a Jim Henson y Frank Oz. Se nota en cada parpadeo, en cada gesto que no termina de ser humano, ni termina de ser animal.
Lo más irónico es que mucha gente que ve la película jura que las criaturas son efectos digitales. O peor, generadas por inteligencia artificial. Que algo tan profundamente humano, tan hecho a mano, se confunda con lo sintético, es la prueba definitiva de hasta qué punto nos hemos acostumbrado a lo artificial. Todo está ahí: espuma, látex y mecanismos reales ocupando espacio delante de la cámara.

"Pues las armaduras de Rebobine, por favor eran aún más ridículas y nadie se quejó"
La historia no inventa nada. Una niña, una criatura y un entorno que no entiende esa relación. Lo hemos visto antes, muchas veces. Si les suena a E.T., a El vuelo del navegante, o a cualquier fábula fantástica de los 80 donde un niño descubría algo que los adultos no podían entender, es porque bebe directamente de ahí. Su viaje no consiste en descubrir algo nuevo, sino en desaprender lo que siempre ha dado por sentado.
Visualmente es una gozada, pero toda esa artesanía, todo ese mimo visual, está al servicio de una historia que rara vez se atreve a desviarse del camino. Y aquí viene el problema. Cristal oscuro era inquietante. Dentro del laberinto tenía rincones que daban miedo de verdad. Incluso E.T. sabía que para emocionar primero había que herir un poco. La leyenda de Ochi, en cambio, lo envuelve todo en algodón. Los padres pueden estar tranquilos, no hay nada aquí que vaya a traumatizar a nadie. Aun así, en un panorama de superproducciones infladas y olvidables, su sola existencia ya es un pequeño acto de rebeldía.
INFORME VENUSVILLE
Venusentencia: Copas de yate

Recomendada por Kuato a: quienes aún creen que una criatura funciona mejor cuando existe delante de la cámara.
No recomendada por Kuato a: espectadores que necesiten espectáculo digital constante para mantener la atención.
Ego Tour de luxe por: Willem Dafoe y su armadura de andar por casa.
Atmósfera turbínea por: una historia que prefiere no alejarse demasiado de lo que ya conocemos.
■ LA LEYENDA DE OCHI. ESTRENO EN VENUSVILLE: 23/01/2026.










