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DANNY TREJO bío: Nuestro mejicano favorito

   

Nuestro mejicano favorito

El perfecto yerno que todas las madres gringas con
hijas casaderas en edad de merecer querrían tener

Por Ray Zeta

 

<Miembro de Cocainómanos Anónimos, Danny Trejo acudió en 1985 a conocer al tipo cuya desintoxicación debía supervisar a su lugar de trabajo. Dicho lugar resultó ser el set de El tren del infierno, y el equipo de rodaje quedó tan impresionado por la apariencia de Trejo que inmediatamente fue contratado como figurante. “¿Sabrías actuar como un recluso?”, le preguntaron. “Bueno”, contestó él, “He cumplido condena en seis cárceles diferentes, supongo que alguna idea tengo…”

   Ex-presidiario, ex-drogadicto, ex-boxeador, ex-de todo un poco, con un careto de indio esculpido en piedra adornado por un bigote chicano, una vistosa cicatriz en el mentón y un cuerpo cachas decorado con unos tatuajes verdosos al más puro estilo “amor de madre”, Danny Trejo encarna cualquier personaje facineroso o de baja ralea sin necesidad de interpretar, y solo él es capaz de otorgar a una película ese toque de ambiente fronterizo spanglish tan cutre y atractivo con su mera presencia.

 

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Danny Trejo en sus años mozos

 

   Tras breves apariciones en Hidden, Encerrado, Señalado por la muerte y diversas producciones de serie B (protagonizadas por Charles Bronson, Gary Busey o David Hasselhoff, por citar tres ejemplos de lo mejorcito…), su compatriota Robert Rodriguez lo presenta oficialmente al gran público al convertirlo en el asesino a sueldo lanzador de cuchillitos que deja a Antonio Banderas como un queso de gruyere en Desperado (1995), y desde entonces lo adopta como uno de sus actores fetiche: él es el barman del Titty Twister, vampiro que se alimenta de la sangre de bandidos despistados hasta que arde ensartado como una salchicha en una barbacoa, en Abierto hasta el amanecer (1996) y sus secuelas; y también es el tío “Machete” de los Spy Kids (2001), obsequiándonos con un papel del todo autoparódico (impagable cuando se reconcilia con Antonio Banderas, su hermano pequeño, y llora a moco tendido sobre el hombro de éste).
 
   Ejerciendo de atracador, de bancos o de casinos según lo requiera el caso, destaca en Heat (1995), en la que nos ofrece su interpretación más sobria como uno de los integrantes de la fría y calculadora banda capitaneada por Robert De Niro, y en Operación Reno (2000), donde se disfraza de Santa Claus brindándonos la más entrañable estampa navideña con la que felicitar las Fiestas.

 

  "Sólo Danny Trejo es capaz de otorgar a una película ese toque de ambiente fronterizo spanglish tan cutre y atractivo con su mera presencia"  

 

   En su registro de presidiario, uno de los más frecuentados, viaja como pasajero ilustre del Con Air (1997) al encarnar a Johnny-23, el sádico violador que habría añadido una 24ava rosa a su antebrazo si el aguafiestas de Nicolas Cage no llega a cortarle el rollo con Rachel Ticotin; y se mueve como pez en el agua al compartir condena y picos con Willem Kojak Dafoe en Animal Factory (2000), film que él mismo produce para su colega Steve Buscemi. Porque a Danny Trejo no se le caen los tatuajes por intervenir en las pelis de acción más casposas, ya sea en ésta o en una de Van Damme tan indigesta como Van Damme’s Inferno (1999), donde salva al rey de la patada dando vida a un indio misterioso impregnado de un halo sobrenatural adquirido en un Todo a Cien.

   Siguiendo con su galería de personajes indios lo descubrimos como indígena amazónico en El jaguar (1996), en la que se bate en un duelo a lanza con Jean Reno y Patrick Bruel (ese calco gabacho del conde Lequio), y en Anaconda (1997), donde cual Leonardo DiCaprio titaniquero se encarama a lo más alto del barco… para pegarse un tiro (quizás tendría que haber tomado nota el bueno de Leo). Y aprovechando sus peculiares rasgos en otros papeles exóticos, nos sorprendió como pirata de la Polinesia que sólo sale para recibir una soberana somanta de palos a manos de un carrozón Harrison Ford en Seis días, siete noches (1998) (lo que hay que hacer para comer), y como torturador narco colombiano incapaz de realizar su trabajo competentemente con Vin Diesel en Triple X (2002) (es que Vin es mucho Vin).

 

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Aquí donde lo ven, Danny Trejo es en realidad un sentimental...

 

   Recientemente Rob Zombie lo ha adoptado como actor fetiche (debieron simpatizar comparando sus greñas y sus tatoos) y le ha permitido compartir peli con el entrañable Capitán Spaulding en Los renegados del diablo (2005), y le ha cedido el honor de ser la primera víctima del Jason Vorhees adulto en el remake de Hallooween (2007), hasta que una vez más de la mano de su protector Robert Rodriguez, ha sido para regocijo nuestro el representante latino de los integrantes del equipo que ejercerá como rebaño de conejillos de caza en Predators para los ídem. A ver si toma nota Sylvester Stallone y lo saca en la secuela de Los mercenarios

   Presidiario, atracador, asesino… Siempre tendremos un plato en la mesa para quien tanto nos hace disfrutar con tan entrañables personajes. Yo, lo tengo claro, si algún día cruzo la frontera norteamericana y llego a Méjico, el primer tequila quiero que me lo sirva Danny Trejo./>

 

 

   

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