El ejemplo más claro es el exceso de atención que se presta a las investigaciones de Gandalf y sus discusiones con los demás capitostes de la Tierra Media (Elrond, Galadriel y Saruman) sobre el futuro retorno de Sauron, un tostón que no solo resulta innecesario (nos enteramos de que el Señor Oscuro se está preparando para liarla, ¡notición!), sino que incluso acaba relegando a un segundo plano la verdadera trama principal de El Hobbit (los enanos, el dragón, el tesoro…). Eso transmite una molesta desconfianza por parte de Peter Jackson en las dotes de Tolkien como narrador.
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