Versión simiesca de A 47 metros cambiando los tiburoncitos por un chimpancé rabioso cabreado
A diferencia de otras animal horror movies centradas en tiburones, pirañas, dinosaurios, anacondas, cocodrilos, lobos, e incluso leones (todos ellos animales peligrosos por naturaleza), los monos y sus múltiples variantes suelen ser presentados como criaturas simpáticas y hasta entrañables. Pero ojo, si algo nos ha enseñado la Historia del cine, es que es mejor no fiarse de ellos ni tocarles mucho los huevos, porque se pueden volver muy farrucos.
Primate es el ejemplo perfecto: un chimpancé criado y entrenado como adorable mascota, que de la noche a la mañana se transforma en una acojonante máquina de matar que no deja títere con cabeza. La primera escena es una contundente declaración de principios: un flash forward donde vemos cómo a un inocente veterinario le despellejan literalmente la cara en un estallido de gore que ya pone los dientes largos a los espectadores sedientos de emociones fuertes. Y lo mejor de todo, es que logra mantener ese nivel de intensidad durante toda la película.

"Pues el Sr. Nilsson y Amedio bien que se portaban"
Tras una primera media hora donde se nos presenta al típico grupito de extrahormonados jovencitos con el musculitos guaperas, la calentorra de turno, y las dos amiguitas del alma dispuestas a pasar unos días de sexo y desenfreno, empieza el espectáculo. Ese chimpancé bonachón, contagiado de rabia por una mangosta, hace relucir su naturaleza más salvaje, y como el San Bernardo de Cujo, empieza la caza y captura de todo ser humano que se le ponga por delante mordiendo y machacando cráneos con alegría.
Pero al contrario que en la obra de Stephen King, Johannes Roberts da un paso más, y como si estuviéramos ante una entrega de la saga Terrifier, convierte al chimpancé en un asesino metódico, cruel y burlón, capaz de enviar mensajes amenazadores desde su tablet de aprendizaje, al más puro estilo villano psicópata de película para intimidar a sus víctimas, convertidas en reinas del grito.
"Primate se recrea en cada muerte del camino construyendo sangrientas set pieces para ir liquidando uno a uno esos atontados adolescentes"
Primate se recrea en cada muerte del camino construyendo sangrientas set pieces para ir liquidando, uno a uno, esos atontados adolescentes que se refugian en la piscina para protegerse de ese mono rabioso aquejado de hidrofobia. La escena del lanzamiento de uno de ellos desde lo alto de un acantilado con despachurramiento de cráneo incluido, o cuando coge a otro que está pidiendo a gritos que lo masacren y le arranca de cuajo la mandíbula, mofándose sarcásticamente de él en su propia cara al más puro estilo Art el payaso, son ejemplos del desparpajo con el que la película abraza el humor negro y las muertes creativas.
Johannes Roberts, un director que ha tenido una carrera bastante irregular, da aquí un paso adelante. Después de demostrar que se mueve bien en el género de los tiburones asesinos en A 47 metros y su secuela A 47 metros 2, con Primate por fin logra dar con el clavo después después de dos décadas intentando consolidarse en el género del terror. Destaca especialmente su capacidad para mantener una tensión constante durante una hora en un espacio cerrado, atreviéndose incluso a rendir lo que parece un homenaje en toda regla a El resplandor en la escena del armario, y haciendo un uso muy inteligente de los silencios, particularmente cuando aparece el dueño sordomudo del chimpancé, interpretado por Troy Kotsur.

"Es la última vez que te pongo la peli Congo"
Aun valorando las indudables habilidades del director, el elemento que diferencia a Primate de otras obras con monos más o menos recientes, como la saga de El planeta de los simios, Kong: La Isla Calavera o, en menor medida, The Monkey, es que para crear la criatura asesina de la película, no se ha recurrido al uso de la CGI, ni por supuesto la IA, sino que se han utilizado métodos más clásicos con el colombiano Miguel Torres Umba embutido en un traje con prótesis y animatrónics para convertirse en el simiesco villano. Eso le proporciona al personaje credibilidad corporal, mayor expresividad y, en definitiva, más registros para conseguir que el personaje maquiavélico en que se convierte sea más realista.
Roberts no inventa nada nuevo, pero hay que reconocerle que esta propuesta de home invasión convertida en slasher con un retorcido chimpancé como salvaje verdugo de humanos, tiene en ese atrevimiento y simplicidad su mayor virtud. El resultado es un meritorio ejemplo de serie B con espíritu ochentero, para poner en nuestra estantería junto a otros legendarios clásicos como Tiburón o Piraña. Y lo mejor de todo, un recordatorio de que aún hay cine de género que no depende de la informática ni de la omnipresente inteligencia artificial. Eso siempre merece un brindis.
INFORME VENUSVILLE
Venusentencia: Copas de yate

Recomendada por Kuato a: los que ansían un remake de Cujo, y los que estén hartos de que hoy en día, cualquier animal pueda convertirse en mascota.
No recomendada por Kuato a: los que se llevaron a la cabeza e incluso se indignaron cuando la película de los sordomudos Coda, donde sale Troy Kotsur, se llevó el Oscar a la Mejor película 2022 por delante de Dune. Imperdonable.
Ego-Tour de luxe por: el sentido del humor de Johannes Roberts, quien al presentar la película Primate confesó: “Espero que después de esto me perdonen por Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City”. Un director con sentido de la autocrítica. Chapeau.
Atmósfera turbinea por: esa lumbreras que le repite hasta cinco veces a su hermana menor, a la que le ha metido un señor mordisco un mono con rabia que “ You’re gonna be okay”. Para darle dos leches.
■ PRIMATE. ESTRENO EN VENUSVILLE: 06/02/2026.








